Ciudad de México a 7 abril 2021 (diablos.com.mx).- Estamos a poco más de un año del ochenta aniversario del juego de locura donde el México fabricó siete carreras en la novena entrada para vencer al Monterrey 14-13, y en donde, supuestamente, “El Brujo” Basilio Rosell exclamó al final “Estos Rojos juegan como Diablos”, dando origen al nombre de batalla de nuestro equipo.

A tantos años de distancia, ha resultado muy difícil encontrar elementos para acreditar que, efectivamente, el cubano es el autor del mote “Diablos Rojos”, o si se trata únicamente de una de las leyendas más bonitas del deporte universal. Por lo pronto, el misterio se mantendrá en el aire durante un buen tiempo.

La verdadera razón de recordar al fenomenal “Brujo” es precisamente que fue un personaje real, un auténtico inmortal de nuestro beisbol, y que es injusto no recordarlo por las páginas de oro que escribió durante su trayectoria con la Pandilla Roja, a la que estuvo ligado hasta sus últimos días.

Pasaron poco más de cuatro años desde el cardiaco regreso ante los Fantasmas Grises en el Parque Delta para que Basilio Rosell volviera a las primeras planas. El originario de Matanzas ya sumaba 44 inviernos y cinco de su aparente retiro cuando don Ernesto Carmona tuvo una genialidad.

Perdiendo 3-2 y con dos outs de vida ante los Azules de Veracruz, el 28 de junio de 1946, los Rojos de Carmona lograron colocar a Carlos Colás en la segunda base y tocaba el turno al “Coronel” Leonel Aldama. Ante la amenaza, Mickey Owen, quien había relevado a Ramón Bragaña en el timón de los Azules, decidió amarrar el juego con Max Lanier, una de las grandes estrellas que había elegido dejar las Ligas Mayores para aceptar un mejor contrato en México. En respuesta, don Ernesto Carmona llamó al “Brujo” para que bateara en lugar de Aldama. Parecía una incongruencia.

Lanier, que había dejado a los Cardenales de San Luis y no había sido derrotado en nuestro país, inició su relevo con par de rectas de humo que Rosell apenas pudo escuchar. Determinado a poner la pelota en juego como en sus mejores temporadas, “El Brujo” descifró una curva de Lanier que terminó cayendo de hit en el jardín izquierdo para empatar el juego y ponerlo en extra innings. Lo imposible había sucedido.

Una vez cumplida su misión, Basilio Rosell fue sustituido por un corredor emergente, acompañado de una sonora ovación mientras abandonaba el terreno de juego, un festejo tal vez más emotivo que cuando el México se quedó con el triunfo en 12 entradas, propinando a Max Lanier su primera derrota en la Liga Mexicana.

Causó tanto ruido aquel doblete del “Brujo”, que don Ernesto repitió el movimiento dos veces más con un rotundo éxito, extendiendo la carrera de su coach dos temporadas más, hasta 1947.